Aportando a un mejor País

Siempre entusiasmado con su entorno, curioso de todo y muy conversador, Rigau está convencido que el hacer arquitectura está totalmente vinculado con la necesidad de hacer un país mejor.
Arq.  Jorge  Rigau

            Separar la arquitectura de la historia es algo totalmente imposible, para quien desde 1980 ha estado vinculado con éxito a esta rigurosa y creativa disciplina, en la cual se ha destacado como ejecutante, profesor, conferenciante, autor de libros y hasta hace unos años como Decano fundador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico.

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Instrumental en la democratización de su profesión en la Isla, a la cual el acceso era limitado, además de arquitecto, Jorge Rigau se describe también a sí mismo como historiador,  disciplina de la que ostenta un grado de Maestría de la Universidad de Puerto Rico. De hecho, es tanto su amor y respeto por la historia que entiende que la misma ha sido transcendental en la manera en cómo ha escogido realizar su práctica como arquitecto.

Graduado de Arquitectura de la Universidad de Cornell, temprano en su carrera Rigau dirigió la Oficina de Zonas y Monumentos del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Liga de Estudiantes de Arte y fue el primer Director Ejecutivo del Colegio de Arquitectos de Puerto Rico. Allí organizó estudios pioneros para la documentación y el análisis de la arquitectura de fines siglo XIX en San Germán, Mayagüez y Ponce. Esfuerzo que culminó en 1992 con la publicación del libro “Puerto Rico 1900”, el cual recibió el Primer Premio Nacional de Arquitectura del Colegio de Arquitectos.

Con apoyo del Capítulo local del American Institute of Architects, Rigau extendió sus intereses investigativos a la República Dominicana y Cuba, publicando en 1994 el libro “Havana/La Habana”, un hermoso ensayo fotográfico/narrativo de la capital cubana. Autor de múltiples formatos de escritura, desde ensayos, columnas de opinión y hasta drama, su más reciente publicación es “Puerto Rico Then & Now”, el cual ha resultado en todo un éxito.

Siempre entusiasmado con su entorno, curioso de todo y muy conversador, Rigau está convencido que el hacer arquitectura está totalmente vinculado con la necesidad de hacer un país mejor. Socio fundador de la firma Rigau + Penabad, a través de los años ha sido gestor de una infinidad de proyectos, de usos tan variados como una escuela de artes, un columbario, la restauración de una antigua estación de tren, viviendas de interés social y residencias privadas, entre muchos otros, donde ha dejado plasmada su filosofía arquitectónica.

Entre sus proyectos más conocidos se destacan, la Cafetería del Jardín Botánico, la restauración de la entrada del Cementerio Antiguo de Mayagüez; el Edificio de Educación Física de la Universidad Interamericana en San Germán y la restauración del Teatro Oliver.

Sin embargo, lo que destaca el trabajo de este arquitecto a quien el American Institute of Architects de los Estados Unidos reconoció en el 2000 como “fellow”, es la manera de ver y hacer la arquitectura. En cada uno de sus trabajos existe un serio proceso de investigación, un cuidado en las formas, y en la manera en que se manejan las ideas, que va mucho más allá del mero hecho de poner paredes.

Al pedirle que nos dé un ejemplo, Rigau se entusiasma al hablarnos de un proyecto en Hormigueros, el cual bajo el sugestivo nombre de “Jardín del Desagravio”, establece una conexión peatonal que une dos niveles distintos del pueblo. El mismo constituye un ejemplo de su filosofía de trabajo en la que los “proyectos tienen que estar vinculados al sitio donde uno los hace”.

“Por ejemplo, al buscar ideas para este Jardín, que está adyacente a la iglesia de Hormigueros, nos dimos cuenta que la figura más importante del pueblo es la del líder abolicionista Segundo Ruiz Belvis. Como no encontraba por donde atarlo, nos pusimos a buscar en su biografía y encontramos que vivió gran parte de su vida exiliado. En lugar de hacer un jardín para Ruiz Belvis, le hicimos un jardín para pedirle perdón por haber tenido que irse, de ahí nació el “Jardín del Desagravio” y la tarja lee “Pide perdón este jardín a toda la gente, que como Segundo Ruiz Belvis, han tenido que florecer fuera de su terruño”, comenta Rigau, quien explica que el mismo consta de un primer nivel donde toda la vegetación es verde y solo en la pérgola hay flores, como bromelias, orquídeas, porque son plantas que florecer sin contacto con la tierra. “Ese es el tipo de arquitectura que estamos haciendo, donde no se llega a las ideas de la nada, sino que hay siempre una investigación detrás de cada proyecto, un pensamiento que da pie a la idea”.

Otros proyectos recientes, lo constituyen la restauración de la antigua estación del tren, la entrada del nuevo cementerio municipal y un proyecto de viviendas de interés social, Villas del Naranjal, todos en el pueblo de Vega Baja. Sobre este último, Rigau señala que al momento de diseñarlo “comenzamos por estudiar los primeros modelos que se construyeron en Puerto Rico para casas de vecindad, y aplicamos algunas de sus características como lo eran las escaleras más grandes y pasillos más anchos para que las personas pudieran socializar. Todo lo que pensábamos que iba a pasar entre sus residentes pasó”.

Según su experiencia, “la gente viene con problemas bien prácticos, uno es el que le añade el “added value” de la interpretación, la cual tiene que ver con una buena educación en literatura y en la artes, donde tu sabes que la trama no es el tema”.

Para el ex Decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico, donde aún es profesor, la definición de arquitectura se resume en “la voluntad de una época, lo que el ser humano -en un momento determinado – quiere hacer en términos espaciales. No se trata de estilo, sino de espacio”.

Al preguntarle cuáles, según su criterio, son los mejores ejemplos de arquitectura en Puerto Rico, Rigau comentó  que su lista de lugares preferidos comienza con “el Patio del Castillo Serrallés, en Ponce; el vestíbulo del condominio universitario de Jesús Amaral, donde el ascensor abre al exterior; el vestíbulo del Centro de Estudiantes de la UPR, de Henry Klumb, donde te sientes que el espacio se mueve; el Santuario de San Martín de Porres, en Cataño, donde las paredes apuntan hacia el altar y cuando sales las paredes se liberan y salen hacia afuera, y el patio del Hotel La Rada, también de Klumb, un espacio trapezoidal que abre hacia la Laguna del Condado. En fin, cómo se maneja el espacio es lo que a uno le fascina y es lo que trato de enseñarles a mis estudiantes: a definir espacios y hacerse preguntas”.

Actualmente, Rigau labora en la edición de un libro en torno a las murallas de San Juan. Recientemente, inauguró una capilla del rito anglicano en Humacao y elabora el primer cementerio “verde” de Puerto Rico, a desarrollarse en Las Marías. Como todo su trabajo, el juego del espacio y la conversación con las ideas y la historia, continuarán siendo el Norte para este entusiasta de una de las artes más antiguas: la arquitectura.

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