Breve nota sobre Julia de Burgos en su centenario

Por: Dianne Brás Feliciano (Bibliotecaria Auxiliar)

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Julia Constancia Burgos García nació el 17 de febrero de 1914 en Carolina, Puerto Rico. En mayo de 1933 fue certificada como maestra normalista. A partir de 1936 comienza a publicar sus poemas e incluso algunos dramas breves. En el 1937 ya tenía escrito su primer libro, “Poemas exactos a mí misma”, obra que, lamentablemente se encuentra perdida.

Julia residió brevemente en Trinidad, Cuba y Washington para eventualmente radicarse en Nueva York, donde vivió hasta sus últimos días.  Fallece a los 39 años de edad en 1953 a causa de una pulmonía lobular. La singular escritora nos dejó varios poemarios, entre ellos “Poema en Veinte Surcos” y “Canción de la verdad sencilla”, y sus poemas fueron publicados en revistas y periódicos tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

La obra literaria que nos legó Julia de Burgos, a pesar de que ha sido reconocida mayormente por su romanticismo, la realidad es mucho más que eso. La poesía de Julia de Burgos también fue combativa y feminista. Los eventos sociales y politicos que se desarrollaron en la época en que Julia escribió marcaron su vida y su obra grandemente, como por ejemplo la lucha por el sufragio femenino y la Masacre de Ponce, entre otros. Julia de Burgos fue además, militante nacionalista en Puerto Rico y al trasladarse a Nueva York continua participando activamente de círculos sociopolíticos vinculados a la comunidad hispana.

Compartimos con ustedes su poema “Yo misma fui mi ruta”.

Yo misma fui mi ruta

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

un intento de vida;

un juego al escondite con mi ser.

Pero yo estaba hecha de presentes,

y mis pies planos sobre la tierra promisora

no resistían caminar hacia atrás,

y seguían adelante, adelante,

burlando las cenizas para alcanzar el beso

de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente

rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado

de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,

y a cada nuevo azote la mirada mía

se separaba más y más de los lejanos

horizontes aprendidos;

y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,

la expresión definida que asomaba un sentimiento

de liberación íntima;

un sentimiento que surgía

del equilibrio sostenido entre mi vida

y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,

me sentí brote de todos los suelos de la tierra,

de los suelos sin historia,

de los suelos sin porvenir,

del suelo siempre suelo sin orillas

de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mi la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

un intento de vida;

un juego al escondite con mi ser.

Pero yo estaba hecha de presentes;

Cuando ya los heraldos me anunciaban

en el regio desfile de los troncos viejos,

se me torció el deseo de seguir a los hombres,

y el homenaje se quedó esperándome.

–          Julia de Burgos

*Para ver más pueden visitar el primero y el Segundo piso de la Biblioteca, donde tenemos pequeñas exhibiciones relacionadas a la obra de Julia de Burgos.

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